(Prelatura de Juli, 15 de marzo de 2014) El sábado 08 de marzo de 2014, cuando la Iglesia se había sumergido ya en el presente tiempo de Cuaresma y hacía conmemoración de San Juan de Dios, se vislumbraba un día de gozo en la Prelatura de Juli por la celebración de las ordenaciones Diaconales y Sacerdotales.

Monseñor José María Ortega Trinidad, Obispo prelado de Juli, presidió esta ceremonia en la que José Luis Valencia Mendoza y José Ángel Cáceres Ccahua recibieron el sacramento del Orden en el grado de los Diáconos. Mientras que los diáconos Aurelio Cjuro Lima, Javier Jorge Quispe Condori, Holes Freddy Apaza Chambilla y Percy Gil Aquise Lerma recibían el segundo grado del Orden, es decir, el presbiterado.

Cuando los relojes marcaron las 10:30 horas, empezó la procesión de entrada rumbo al altar de la Iglesia catedral San Pedro de Juli; concelebrando alrededor de treinta sacerdotes venidos de las circunscripciones eclesiásticas de Arequipa, Cusco, Sicuani, Ayaviri y Puno; estando presente el pleno del clero de Juli.

En su homilía Monseñor Ortega empezó agradeciendo a la Trinidad Beatísima por el don de las vocaciones sacerdotales y de los candidatos a las órdenes sagradas. Recordó que el sacerdote ha puesto su vida en manos de Dios, para que Él la disponga de la mejor forma en bien de la Iglesia, de los fieles en comunión con la jerarquía de la Iglesia.

También señaló que el sacerdote: ha de cuidar la celebración diaria de la Santa Misa, aunque las leyes canónicas no lo obliguen en estricto, indicando que este sacramento hace un enorme bien, empezando por el propio sacerdote.

Otro punto en el que Mons. Ortega hizo énfasis fue en la celebración de la Liturgia de las horas, que dediquen a este oficio orante los mejores espacios del día; que se acuerden de la Prelatura de Juli al rezar el Oficio Divino, de interceder por los fieles a ellos encomendados.

Al indicar un caso, que pusiera en conocimiento la Congregación para la doctrina de la fe, sobre sacerdotes que no celebraban la Santa Misa diariamente; que no renovaban el santo sacrificio de la Misa por estar de vacaciones. Instó a los que iban a ser ordenados presbíteros que no se dejen influenciar por las corrientes ideologizantes, de las que los clérigos no están exentos de poder caer, donde lo divino y santo de la fe es despreciado y ridiculizado.

Concluyó recomendando vivamente que recurran siempre a San José, maestro de vida interior, para que les enseñe a tratar a Jesús y a María Santísima; que se encomienden a San Juan María Vianney, patrono de los sacerdotes, de quien han de aprender a sentarse en el confesonario para limpiar, purificar y santificar a las almas de sus hermanos los hombres, confesándose ellos primero.

Por último, Mons. Ortega dirigió su mirada y súplica a la Mamita Inmaculada, patrona de Juli para que rece por los nuevos sacerdotes y diáconos como por todos los fieles, a quienes les recordó que también han de orar por el clero.

Damos gracias al Señor por el don del Sacerdocio Ministerial, representación sacramental de Cristo, Cabeza y Pastor, un regalo para la Iglesia, para la humanidad entera, y en especial para la Prelatura de Juli.

Texto cortesía del P. Eduardo Roller Chong (Prelatura de Juli).