Eduardo Roller Chong (Prelatura de Juli)

Solemne Apertura del Año Jubilar por el IV Centenario de la muerte de Santa Rosa de Lima, patrona de América Latina, del Perú, de la Policía Nacional del Perú y de los Enfermeros del Perú

Templo Parroquial Ntra. Sra. de la Asunción de Chucuito

23 de agosto de 2016

Dignísimas autoridades civiles y policiales;

Miembros del sector salud;

Hermanos en el sacerdocio, apreciados seminaristas;

Hermanos y hermanas del pueblo fiel de Chucuito y de otros lugares, que unidos por la fe en Jesucristo el Señor, están aquí presentes:

El autor del libro del Eclesiástico, nos dice que “es grande la misericordia de Dios, y que revela  sus secretos a los humildes” [Cf. Eclo 3, 20(19). 21 (20)]; sepamos entonces, que la Humildad es la virtud base para edificar en un hombre, en una mujer, una personalidad rica interiormente. Dado que nos coloca ante la realidad de lo que somos, creaturas con entendimiento y voluntad, con aptitudes y cualidades por desarrollar, sin olvidar las limitaciones. De ahí que hemos de trabajar en nuestro perfeccionamiento humano, procurando adquirir una conducta correcta, aunque se tengan y se noten las debilidades, defectos y miserias-que todos tenemos-, procurando con una lucha tenaz, día a día y con el ánimo deportivo llegar a nuestra meta. El resultado, por la ley de causa y efecto, será que aquel hombre, aquella mujer que realicen este esfuerzo dinámico, se conviertan en una guía luminosa, que edifica y aporta “su ser, su vida, sus talentos” a la sociedad donde viven.

Pero el sólo esfuerzo humano no basta, por este motivo, Dios nuestro Señor, nos ha regalado el don de la Fe teologal, que nos ha llegado por la evangelización, tarea encomendada por Jesucristo a su Cuerpo Místico que es la Iglesia Católica, que nos ha hecho hijos de Dios por el sacramento del Bautismo. La Iglesia la conforman la Jerarquía Eclesiástica, otros son laicos –casados y célibes-, otros son religiosos, siendo todos ellos responsables de anunciar la Buena Nueva de la Salvación obrada por Cristo Jesús a los pueblos en el mundo entero. En nuestra América Latina, no ha sido, ni serán nunca en vano, los esfuerzos; estos no han sido pocos, pues continúan organizándose las lecciones del Catecismo, el acercamiento de los hombres al Señor a través del apostolado.

En estas labores, todas estas hechas por una entrega generosa de varones y mujeres decididos a cumplir con la voluntad de Dios; nos han enseñado el valor inmenso de la vida con el Señor, los santos, que siguiendo los divinos mandamientos han dejado huellas de amor redentor.

Hoy precisamente celebramos a una mujer, honra del pueblo peruano y gloria de la Iglesia Católica: Santa Rosa de Lima. Estamos reunidos en esta antiquísima parroquia de Ntra. Sra. de la Asunción de Chucuito, para iniciar el Año Jubilar por los 400 años del tránsito al Cielo –es decir de la muerte- de esta bienaventurada virgen de Lima.

Ella, Santa Rosa, murió un 24 de agosto de 1617, contaba con 31 años, todos estos entregados a los designios divinos, desde el momento en que tuvo uso de razón, con plena libertad.

Cuentan los sacerdotes confesores de la santa, que Nuestro Señor le anticipó el uso de la razón, pues de cinco años propuso de no ofender a Dios y servirle, y desde aquella edad empezó a tener oración originada de aquellas palabras: “Dios sea bendito, y en mi alma esté”. (Libro Vida de Santa Rosa de Lima, P. Pedro de Loayza, O.P., confesor de la santa, reedición 1996).

Hemos de tomarnos en serio el conocimiento de Dios, para amarlo, lo cual es un deber de justicia, pues Él nos ha creado. Para esto se cuenta con la vida de oración, camino que no se puede despreciar en la existencia de un fiel de la Iglesia. Como hemos considerado al inicio de esta predicación, de manera similar a como se adquieren los conocimientos humanos; se requiere de maestros, que con humildad y recta intención ayuden a sus prójimos en esta tarea. Para ello, -se podría decir- están obligados a cumplir esta misión por vocación: el padre y la madre, los familiares, los docentes y amigos buenos. Recayendo una buena parte de esta responsabilidad –también por vocación, con entrega total a Dios- sobre los sacerdotes y los religiosos. De ahí que el Salmo 27 (26) exprese con anhelo profundo: De ti piensa mi corazón: “Busca su rostro”. Tu rostro, Señor, buscaré. (v. 8)

Estando aún, dentro del Año Santo de la Misericordia, aprovechemos este tiempo para vivir la caridad, el amor que se compadece de la miseria ajena, que no juzga ni condena, sino que levanta, cura y alienta; y en esto Santa Rosa de Lima cooperó con el Señor, mostrándolo a través de su persona, vida y obras.

El Papa Francisco citaba al respecto: La predicación de Jesús nos presenta las obras de misericordia para que podamos darnos cuenta si vivimos o no como discípulos suyos. Redescubramos las obras de misericordia corporales: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, acoger al forastero, asistir a los enfermos, visitar a los presos, enterrar a los muertos. Y no olvidemos las obras de misericordia espirituales: dar consejo al que lo necesita, enseñar al que no sabe, corregir al que yerra, consolar al triste, perdonar las ofensas, soportar con paciencia las personas molestas, rogar a  Dios por los vivos y por los difuntos. (Cf. Bula Misericordiae Vultus n. 15). Con esto, cada uno haga examen de conciencia y fíjese que es lo que puede hacer, recordando que un solo acto hecho por amor a Dios, -cara a Él- tiene mayor valor que si lo hiciéramos con la intención rastrera de que nos vean los demás ¡no, eso no! sino el ¡Amor a Dios! como nos lo enseña la vida tan vigente de Santa Rosa de Lima.

Recordemos que somos pertenencia de Dios, que mientras vivamos, tenemos la oportunidad de convertirnos, de renunciar a satanás, a sus obras y seducciones; es decir de cambiar nuestra conducta para el bien, para ser felices eternamente. Santa Rosa nos dice que se puede ser santo, cada uno según la personal vocación, viviendo las virtudes en favor de los demás y gozo nuestro, alegrando al Señor.

Seamos buscadores continuos de Jesús, en la oración; en la recepción de los sacramentos, en especial la Confesión y la Eucaristía; el conocimiento de la fe, con el repaso del Catecismo; en el vínculo amoroso en la propia familia, en el trato sincero y valioso con los amigos y personas en medio del mundo; en el trabajo honesto, con las buenas obras.

Así con la gracia santificante en nuestras almas, nuestras obras serán meritorias, y cuando nos presentemos ante Dios, en la hora de la muerte, Él nos reciba, nos abrace ¡para siempre, para siempre!, poniendo sobre nuestras cabezas, la corona triunfal, que no se marchitará nunca en el Cielo. Y ahí estará Santa Rosa de Lima, recibiéndonos en el Paraíso ¡Ánimo, hermanos y hermanas! Que el Señor los bendiga y custodie y que su Madre bendita la Virgen María los proteja, recen por los sacerdotes y el aumento de fidelísimas y santas vocaciones sacerdotales para la Iglesia, para atender a nuestro pueblos, para que las familias sean núcleos de amor, verdad y alegría, los llevo en mi oración. Así sea.

Inauguración del año jubilar de Santa Rosa en Chucuito (2016)
Inauguración del año jubilar de Santa Rosa en Chucuito (2016)