En la presente entrevista, realizada vía correo electrónico en julio de 2016, el P. Gerson Bautista Melo, de la Prelatura de Juli, nos cuenta su experiencia con el trabajo pastoral con los jóvenes y su importancia para la vitalidad de la Iglesia. Otros temas, como el descubrir de su vocación, la reapertura de la radio y el acondicionamiento de la capilla de adoración, nos permiten conocer más de las diversas actividades de la Prelatura de Juli.

Cuestionario:

Quisiéramos saber un poco de su vida: ¿cuándo y dónde nació?, ¿cuántos hermanos tiene?, ¿dónde realizó sus estudios de seminarista?, ¿cuándo se ordenó de sacerdote?

Nací en el departamento de Lima. El 17 de Setiembre de 1984. Somos tres hermanos y yo soy el último. Mis estudios de filosofía y teología los realicé en el Seminario Mayor “San José” de Cañete, y me ordenó de sacerdote Mons. Ricardo García el 30 de noviembre de 2012. Al día siguiente celebré mi primera Misa Solemne en el Santuario de las Carmelitas en San Vicente de Cañete.

Ahora, le agradeceríamos si nos cuenta, ¿cómo nació su vocación sacerdotal, qué factores y personas influyeron en la decisión de volverse sacerdote?

Fui acólito desde los 5 años hasta los 17 años. Fui amigo de muchos sacerdotes que pasaban por mi parroquia y lógicamente participaba en las actividades parroquiales. Un hermano mío estudiaba en el seminario y solíamos escribirnos cartas con respecto a la vocación al sacerdocio. Me regalaba libros espirituales y también alguno por ahí de latín. Leí aquellos y muchos libros que teníamos en la biblioteca porque mi padre es profesor de historia, mi madre también pudo serlo pero por mi hermano mayor se dedicó a nosotros plenamente y rezaba mucho para que uno de nosotros fuera sacerdote. A pesar de estos recursos también influyó en mí amigos y amigas ya en la secundaria. Claro que eran amistades normales pero cuando los sacerdotes me hablaban sobre el sacerdocio les decía que mi vocación era el matrimonio. Cuando terminé la secundaria ingresé a la universidad, estudiaba computación e informática. Los fines de semana ayudaba en las Misas a Mons. José María Ortega, que en aquel tiempo era párroco de la Catedral de San Vicente. Así que no perdí contacto con mi servicio de acólito y estar cerca de Dios. Lo que fue marcando mi vocación fue que empecé a ir al club de jóvenes del Seminario Mayor. Hice nuevos amigos y también –no voy a negarlo– iba porque los sábados hacían deporte y por los libros de su biblioteca. En esas circunstancias aprovechaba en hablar con el Padre Manuel Tamayo que en realidad era él quién me buscaba para hablar conmigo. ¡Me sacaba de medio del deporte y conversábamos sobre la vocación! En fin, si era un requisito hablar con él para hacer deporte le contaba todo en la charla, y siempre daba mis pretextos…

Y el momento decisivo fue que la universidad se cerró por una ley ministerial, por problemas jurídicos. Me quedé al aire y cientos de compañeros míos. Ellos enjuiciaron a la universidad y yo me puse a pensar qué iba a pasar conmigo. Era julio y en Lunahuaná (Cañete) se realizaba cada año, en ese mes, el curso internacional de Teología. El coordinador era el Padre Manuel y ni bien le comenté sobre el quiebre de la universidad me incluyó en la lista de los seminaristas como anfitriones del curso. Mi labor en ese curso fue atender a los participantes en el comedor junto a otros seminaristas y por supuesto participar del curso de Teología. Recuerdo que en las reuniones con ellos y clases de teología estuve bastante perdido. Pero me llamó la atención la gran diferencia entre los chicos de la universidad y los seminaristas. Una gran diferencia respecto al modo de vivir, de pensar y los caracteres.

Después de reflexionar, hacer oración y pedirle a Dios que me ilumine ingresé al Seminario en agosto del 2001.

Ya como sacerdote, ¿cuál ha sido su experiencia?, ¿en qué parroquias ha estado presente, qué cargos le ha tocado ocupar?

Como seminarista y como diácono trabajé con el Padre alemán Tomas Huckeman en la parroquia de San José. Eso implicaba un trabajo intenso. Visitas a los hospitales, los bancos, instituciones públicas, dar clases en el colegio, la parroquia… siempre vendiendo las hojas dominicales… Me marcó esa capacidad de trabajo y estoy muy agradecido por esa visión y acción en el apostolado de aquel sacerdote.

Como sacerdote he trabajado en la parroquia de Antioquía y después de un año en la parroquia de Quilmaná (Cañete). También trabajé en el seminario menor y mayor de Cañete como profesor de música.

Nos gustaría saber un poco más de la parroquia que ahora tiene a cargo. ¿A qué aspectos viene dando más importancia?, ¿existen grupos de laicos (quizá de monaguillos)?, ¿cuenta con la presencia de otras comunidades religiosas como monjas o religiosos?

Hace dos años gracias a la confianza de Mons. José María Ortega vine a trabajar a Puno como Canciller de la Prelatura de Juli, también como profesor de filosofía y lenguas clásicas en el Seminario Mayor “Nuestra Señora de Guadalupe”, además de la atención de la casa de ancianos que dirigen las Hnas. Misioneras de la Caridad. El año pasado reaperturé el funcionamiento de radio sintonía, la radio en FM de la prelatura en el cual me desempeño como director. Desde este año además de seguir en la cancillería y en el seminario, estoy de asesor parroquial de las Hnas. Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl en la parroquia de Pomata. Mi labor en la parroquia, por el trabajo que tengo en el obispado de Juli, se reduce a celebrar las misas en las comunidades de Pomata que gracias a Dios aún conservan la costumbre de solicitar misas por diversas necesidades y son muchas. También me alegra acondicionar una capilla para la adoración eucarística diaria ubicado al costado de la catedral “San Pedro” en la plaza de armas de Juli.

En general, ¿cómo es su feligresía?, ¿qué festividades son las más celebradas?, y ¿qué necesidades considera más relevantes?

La parroquia de Pomata es un territorio muy grande y gracias a las Hnas. Vicentinas (que son las encargadas de la Parroquia) podemos atender a casi todos los colegios y escuelas que están en nuestro territorio. Participo con ellos porque celebran sus aniversarios y fiestas, así puedo tener cercanía con ellos. En el templo principal “Santiago Apóstol” de Pomata, que es patrimonio cultural de la nación, celebramos la Misa dominical con afluencia de muchos fieles que vienen de otras comunidades cercanas y lejanas. Tienen mucha fe y devoción a Santiago Apóstol y a la Virgen del Rosario que son sus patronos. A fines de julio y en octubre celebraremos estas festividades con la participación de las autoridades civiles y militares, alferados y residentes dentro y fuera de Pomata. Hay mucho colorido y fiesta, con muchas danzas, trajes típicos, bandas de músicos, quema de castillos, etc.

Estamos trabajando para que los fieles se acerquen más a los sacramentos. Los sábados y domingos aprovechamos en dar la unción a los enfermos y ancianos. Con los jóvenes y niños trabajo en coordinación con las Hnas. Vicentinas y los profesores de religión.

Desde su perspectiva, ¿cómo observa el compromiso de los jóvenes con su Iglesia?

El trabajo de las hermanas Vicentinas es loable. El grupo de jóvenes tiene una gran importancia en la liturgia. Leen las lecturas, apoyan en el coro, recogen las limosnas, y los acólitos ayudan en la Misa. Participan de un modo activo en la Santa Misa y luego se preparan en la catequesis. Son ellos los que rejuvenecen la iglesia y alegran el corazón de los mayores. Por supuesto que invitamos y hacemos lo posible para que más jóvenes se involucren con las actividades parroquiales. Con respecto a la radio que he reaperturado tengo cercanía con jóvenes que trabajan voluntariamente y descubren nuevas capacidades que tienen escondidas. A medida que mejoremos la transmisión y lleguemos a otros lugares habrá más actividad juvenil y espero sean buenos profesionales y tal vez surja de ahí algunas vocaciones al seminario o al noviciado de religiosas.

¿Cómo participan las mujeres en la Iglesia?

Participan de diferentes maneras. Me alegra y siempre alabo a las mamás y abuelas que se acercan al templo. ¡Llegan con sus hijos, con sus nietos, llevan a sus esposos! Y las hermanas Vicentinas que son muy apostólicas han acercado a muchos jóvenes y niños a la Iglesia. Si no fuera por todas ellas… ¡qué sería de la Iglesia!

Eso es un poco sobre mi vocación y sobre mi trabajo pastoral.

Agradezco al Instituto de Pastoral Andina por esta entrevista. A todos los que trabajan en dicha institución que evangelizan y propagan la vasta y maravillosa cultura llena de fe y buenas costumbres de esta parte del Perú.

Muchas gracias.

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