Ayaviri, nos permitió realizarle, vía correo electrónico, algunas preguntas sobre su experiencia. En esta entrevista podemos conocer las labores que viene realizando, las reflexionse que se le han surgido y todo su entusiasmo por mejorar el vínculo de la población local con su herencia cultural.

(IPA) ¿En qué consiste tu labor en la escuela-taller de la parroquia de Ayaviri?

(Michaela Novotna) La restauración de la Catedral de Ayaviri ha sido retrasada, así que, en cambio, me vengo ocupando de varios proyectos en la prelatura de Ayaviri en los que originalmente no pensé formar parte.

En el Museo-Taller San Juan Pablo II, ayudo en la restauración de pinturas y esculturas de la Catedral de Ayaviri y de otras iglesias cercanas. Para ello trabajo en conjunto con un pequeño grupo de dos restauradores (Óscar Guillén y Jesús Chávez) que el P. Miguel pudo traer a Cusco. Nosotros restauramos a cualquier cosa que podemos arreglar.

Recientemente he estado limpiando y retocando dos pequeños caballetes de pinturas. Los dos fueron olvidados y puestos a un lado cuando el polvo y la antigüedad los hicieron lucir insignificantes… ¡Ahora nadie los pondría a un lado!

Ya que el taller forma parte de un centro cultural y museo que exhibe piezas de arte local, atrae a visitantes y entre ellos a un sorprendente número de niños de la ciudad. Espero poder trabajar más con ellos cuando mi castellano mejore. Cuando la escuela-taller abre, yo asisto en la enseñanza y administración.

Lo que para mí es más especial es que he tenido la oportunidad de volver a ser estudiante. Actualmente estoy trabajando con materiales que son nuevos para mí, igual con la historia del arte de la región. Es un placer aprender del grupo de expertos que el P. Miguel ha reunido.

Mientras más tiempo paso en esta provincia descubro con más claridad cuánto trabajo se debe realizar, no sólo con la restauración sino, también, con el mantenimiento, la educación y la investigación. Me he enamorado con la impresionante iglesia de Orurillo, posiblemente la más antigua y rica en la provincia. El templo está inclinado, a punto de derrumbarse, lo que destruirá el retablo. En un proyecto adicional en el que estoy trabajando, se busca emprender labores vitales para el mantenimiento y, así, evitar el desplome por al menos otros cinco años.

(IPA) Quisiéramos que nos compartas algunos motivos que te llevaron a venir hasta Ayaviri y tus impresiones (la ciudad, la gente, la comida, el clima, etc.). 

(MN) Una foto del 2005 de mi pareja e hijastro frente al campanario de la Iglesia de la Merced en Cusco, fue tomada cuando realizaron un tour guiado por el restaurador Óscar Guillén por ocasión de un proyecto que entonces se venía realizando. Cuando regresamos juntos a Perú, diez años después, yo tenía la curiosidad por ver en lo que Óscar estaba trabajando y lo visité aquí, en Ayaviri, por un pequeño tour. Yo trabajo en museos y con organizaciones culturales en Toronto, por lo que el trabajo de restauración que se realiza en el Perú siempre me ha intrigado. Ahora estoy viviendo aquí. Esto muestra que nunca sabes lo que un tour de 15 minutos puede afectar en un visitante. El tiempo siempre es valioso.

Cuando vine la primera vez, ver a mi motocicleta a través del Altiplano era espectacular, minimalista y cautivador. Pero para describir honestamente mi primera impresión de Ayaviri… tuve que revisar dos veces mi mapa. Pensé que había llegado al lugar equivocado. No pude imaginar que estaba mirando una catedral del siglo XVII en una ciudad cubierta en polvo y caprichosamente construida.

Sin embargo, las primeras impresiones son engañosas. La calidez y la recepción que me brindó el taller hicieron que me sintiera inmediatamente como en casa. Y a pesar de que frecuentemente yo soy quien debe tener la iniciativa para saludar o conversar, mis vecinos en Ayaviri me han mostrado protección, cortesía y amabilidad. Los niños, en especial, son inocentes y es fácil despertar su interés.

 

 

(IPA) Por último, en tus palabras, ¿por qué crees que es valiosa la labor que viene realizando la escuela-taller?

(MN) Como yo lo veo, la labor artesanal y el valioso trabajo son los dos más importantes resultados de la escuela-taller. El artesano habilidoso eleva la calidad de su cultura, desde carpintería a la construcción de objetos decorativos. Las habilidades que los jóvenes pueden adquirir de la escuela-taller son transferibles, incluso para los que luego no trabajarán en la restauración. Hay mucho por ganar.

En esta región existe suficiente trabajo para restauradores para poder contratarlos y, también, hay suficiente gente joven desempleada que puede convertirse en restauradores. Si se pudiera realizar un compromiso entre ambas partes –una activa escuela-taller y un compromiso gubernamental para apoyar la restauración–, muchos otros problemas podrán ser resueltos.

La mejor parte de la formación en restauración es que es una combinación tanto de trabajo técnico con las manos como de una educación teórica en cultura. Es un trabajo que ayuda a jóvenes para volver a estrechar los lazos con su historia, su cultura y crear un sentido de pertenencia, una mayor comprensión de su mundo.

Mira, si los estudiantes de la escuela-taller pueden trabajar en restaurar su catedral, ellos no van a estar reflexionando durante todo el día sobre las consecuencias de su labor, pero puedo garantizar que en cierto punto ellos van a experimentar el sentimiento de pertenencia a algo mayor que ellos mismos. Al final de eso, ellos van a ser capaces de ver un resultado en concreto de su trabajo. Yo pienso que el P. Miguel ve cuán transcendente puede ser esta labor.

La mejor parte es que los estudiantes de esta escuela-taller pueden aprender habilidades para trabajar en el patrimonio artístico de su propiedad comunidad. En vez de estar trabajando en una pintura, ellos estarán restaurando una pintura que pertenece a su propia ciudad y a la propia historia de su lugar de origen. El trabajo que el P. Miguel viene emprendiendo –para crear tanto un museo como un centro de restauración locales y, ahora, atrayendo estudiantes–, genera educción y probablemente trabajo. No se trata de proyectos de arte, sino del reforzamiento del valor del pueblo y lugar, aquí, en Ayaviri.

Fotografía proporcionada por Michaela Novotna.

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